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Espacio de espeJune 16 a trabajar!!March 29 esta semana santame voy a sevilla :D
a ver a mi familia que vive allí
De paso, a ver si vemos alguna procesión
habrá que aprovechar !!
Saludos!!
November 18 MI primer capítuloAquí os pongo un excrito mio de marzo. Quería empezar un libro. Esto fue lo que escribí, otro proyecto no continuado.
Pero lo he guardado. Por si acaso algú día...
Disfrutadlo!!!!!!!!!!!!!
CAPÍTULO 1: MONEDA DE DOS CARAS
Cristina se levantó pletórica ese día. Sería el día más importante de su vida. De eso estaba segura.
Se paseó por la habitación del hotel y decidió desayunar sólo una taza de té. No quería encontrarse pesada durante el resto del día, ya tenía bastante con el remolino en que se había convertido su estómago. No podía evitar sentirse nerviosa.
Se dirigió hacia el telefonillo y solicitó el té. Inmediatamente después fue hacia el espacioso aseo y empezó a lavarse concienzudamente la cara. Después empezó a maquillarse, divertida al ver su reflejo vestido con el pijama. “Hoy es un verdadero día de locos” pensó sonriendo para sí misma. Obviamente decidió no pintarse los labios, no se fiaba de esa publicidad que anunciaba que los pintalabios duraban todo el día. Primero tomaría el té, luego se vestiría y, por último, se pintaría los labios. Ya estaba decidido.
Sonaron unos golpes secos en la puerta. Se dirigió hasta ella y, por un momento, dudó en abrir. Fue como una premonición que le atenazó el corazón. Notó que su respiración se agitaba y un oscuro pensamiento cruzó su mente. ¿Y si quien llamaba no era personal del hotel? ¿Por qué demonios no había mirillas en los hoteles para asegurarse de a quién se invitaba a entrar?
Los golpes se repitieron y Cristina abrió la puerta con brusquedad. El joven camarero que llevaba la bandeja la miró con sorpresa. Cristina no supo si sería por la forma en qué había abierto la puerta, o por el hecho de ir maquillada en pijama. El olor del té recién hecho le dio a entender que poco importaba.
Cristina se apartó de la puerta y el joven camarero pasó con la bandeja a la habitación. Dejó en la mesita una especie de bandejita con la tetera, la crema de leche y el azúcar; retirándose después con la bandeja grande. Al cerrar la puerta, Cristina escuchó como la bandeja era dejada en el carrito y éste se alejaba pasillo arriba.
Dejando escapar un suspiro, se dio cuenta de la tensión que había acumulado en este estúpido episodio. ¿Cómo podía ser tan paranoica? ¿Qué peligro representaba para ella el pobre chico del carrito? Volvió a suspirar más aliviada, y empezó a pensar nuevamente en el plan que no la había dejado dormir en toda la noche.
Cuando ya acabó de pintarse los labios, se miró en el espejo y sonrió. Ya estaba lista y diez minutos antes de lo esperado, al parecer padecer insomnio tenía sus ventajas. Acababas levantándote antes de lo debido a causa del aburrimiento y el cansancio.
Cuando por fin salió de la habitación y del hotel encontró el coche de la editorial esperándola en la puerta. Saludó al chófer y se sentó en la parte de atrás. Mientras se ponía el cinturón de seguridad, el coche arrancó. A causa de que no le gustaba mucho viajar en coche, siempre se tomaba un té frío mientras viajaba en ellos. Abrió el compartimento de las bebidas y escogió el té frío. Su sabor no le hizo olvidar que los automóviles siempre le habían parecido horribles ataúdes con ruedas. Los coches, como todas las máquinas inventadas por el hombre eran, obviamente, de una cierta utilidad pero infernales en sus usos o en sus consecuencias. Mientras veía pasar el paisaje urbano delante de sus ojos, deseó como muchas otras veces en su vida haber nacido en otra época. Un tiempo alejado del ruido, lejos del inhumano y monstruosamente enorme mundo urbano.
Irónicamente era este mismo mundo el cual, en el fondo, despreciaba el que le proporcionaba un lujo y un confort del cual no se veía con fuerzas para desprenderse. Cristina era una mujer débil, y lo sabía.
Todavía inmersa en estos pensamientos caóticos de los que se vanagloriaba en público (y en privado) Cristina tuvo que abandonarlos cuando el chófer le abrió la puerta. Ya habían llegado al lugar de la presentación. Antes de bajar sacó su espejito y se retocó los labios, no quería que el té frío hubiera deshecho su pintalabios. Quería que sus labios estuvieran perfectos, al igual que el resto de ella.
Para ella el hotel donde haría la presentación de su libro no era un espacio desconocido, a pesar de no haber estado nunca antes allí. Para Cristina era el lugar familiar que había dibujado en su cabeza, el sitio en el que se había estado preparándose psicológicamente durante varios días para realizar bien su papel. Había imaginado cientos de veces la recepción, el saludo a gentes importantes, el encuentro con la prensa, se había preparado las respuestas a cualquier pregunta y había practicado su mejor sonrisa delante del espejo. Pasara lo que pasara ella estaba dispuesta a todo. Su mente estaba preparada, y su carmín también.
Cristina acarició sus labios y salió del coche. Hizo un gesto al chófer con la cabeza el cual había ya calculado de antemano. Sonrió con la sonrisa que tantas veces había practicado y se presentó a la prensa que se arremolinaba a su alrededor con fingida simpatía.
Entró en el hotel y saludó a todo aquel que se le acercaba, se encontró con su editor al que dirigió unas breves palabras de elogio, siendo contraatacada a su vez con pura palabrería de protocolo. Cristina siguió sonriendo al entrar en la sala de la presentación. Todo acontecía como había imaginado y, gracias a Dios, esas horribles sensaciones en su estómago habían desaparecido.
Se sentó más tranquila que nunca en la silla que tenía su nombre escrito en una etiqueta y esperó. Con la sonrisa todavía cosquilleando su maquillado rostro siguió pacientemente aguardando a que todo estuviera en su lugar.
Los periodistas fueron ocupando sus sitios, vio a su editor sentándose a su lado, al igual que el político que había escrito el prólogo a su libro. También reconoció a algunos escritores que trabajaban para la misma editorial que ella. A pesar de la distancia pudo ver a través de sus miradas cristalinas que la envidiaban. Sí, muchos de los que estaban allí no deseaban su éxito, de eso estaba segura. Más de uno habría pactado con el mismísimo diablo si eso hubiera conseguido hundirla en el más pestilente fango. Pero para su suerte, no lo habían logrado. Qué lastima que no tuvieran con quien pactar, pensó maliciosamente Cristina.
Y Cristina sonrió todavía más. Nadie podía imaginar como estaba disfrutando de este momento, quería verlo todo para grabar a fuego este recuerdo. Para poder verlo cuando quisiera en su mente, para poder regodearse en sus más mínimos detalles, para tener el placer de poder ver esas miradas vidriosas siempre que quisiera…
Fue entonces cuando el editor se levantó de su silla. Cristina notó por un momento seca la garganta. Con la emoción había perdido contacto con su cuerpo, así que educadamente cogió el vaso de cristal y bebió el agua que contenía, para quitarse esa desagradable sensación de su garganta. Mientras escuchaba las palabras vanas que le dedicaba su editor bebió la mitad del contenido. No quiso apurarlo, no fuera que alguien se fijara y le achacaran nerviosismo.
El editor siguió hablando, elogiando la primera obra de Cristina, diciendo haberla apoyado siempre, habiendo presentido su valía y alta calidad literaria. Sí, el mismo editor que semanas atrás había amenazado con despedirla si no escribía algo de valor inmediatamente. El mismo que dos días antes la había llamado para invitarla a cenar y poder decirle que su obra era un futuro best-seller y que admiraba su talento, no sólo él, sino toda la editorial.
Todos los presentes aplaudieron el discurso trivial del editor. Todos esperaron a que Cristina se levantara para hablar de una obra que antes de ser publicada ya estaba en boca de todos. Cristina esperó a que los aplausos se calmaran, dejó que la expectación rayara el éxtasis en los presentes. Quería que lo que ella había imaginado en la habitación del hotel se cumpliera ahora. Deseaba que todo lo que había calculado, todo lo que estaba tan claro en su mente, se llevara a cabo en la realidad. Así que se levantó de la silla, dirigió su mejor sonrisa a los presentes y se dispuso a citar el discurso que tantas veces había escrito, y reescrito. Aquel que la convertiría en la mejor novelista del año.
Pero Cristina había pasado por alto algo fundamental. Y era que no podía predecir su propia muerte. Por ello, antes de poder pronunciar siquiera la primera palabra se cumplió su peor presentimiento. Aquel del cual había intentado huir durante días. Y, así, antes de empezar su esperado y deseado discurso cayó fulminada al suelo.
Los gritos que inundaron la sala ya no los pudo oír. Ni siquiera pudo sentir los vanos esfuerzos de su editor por mantenerla con vida hasta que llegara la ambulancia. No pudo notar tampoco el aura de satisfacción que envolvió a algunos de los presentes en la sala.
A veces el destino o el azar nos juegan malas pasadas, sea quien sea ese destino... October 02 He vueltoSe que he tardado mucho en escribir
si he de decir la verdad he estado muy ocupada
entre los fotologs y la universidad jaja :D
todo va muy bien, a ver si en el puente de octubre voy a barcelona, a ver la familia
(es que soy una chica muy familiar)
Disfrutad de la vida!!!!!!!!!!!!!! June 01 intentando emularjajaja
Buahh!!! son las 15h y ahora mismo me voy a tomar un café o algo.
Mi hermana dice que os diga ( a todo aquel que lea esto ) que mis fotologs son:
hala, disfrutad!! |
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